Encuentro de familias en la Sierra de Madrid

 

El pasado 16 de junio llevamos a cabo ¡por fin! el Encuentro para Familias Adoptivas y Acogedoras que con tanta ilusión habíamos preparado el equipo de Apananá. Tras tener que posponer la primera convocatoria organizada para el 3 de junio debido a la previsión de lluvias, el día 16 pudimos disfrutar de un maravilloso día soleado en un campo precioso con un verde intenso que habían dejado las recientes lluvias.

Así como en la naturaleza todo fluye por sí solo, de la misma manera ocurrió durante el encuentro entre las familias que acudieron al evento. Y qué mejor escenario que la propia naturaleza en un entorno privilegiado como es el valle de la Fuenfría, ese tesoro que tenemos alejándonos tan solo unos kilómetros del asfalto de la ciudad.

Rescatados todos y todas de nuestras rutinas diarias, de nuestros espacios cerrados como lo son oficinas, despachos y aulas, de repente nos encontramos en un oasis donde pudimos sintonizar con la naturaleza y dejar fluir ideas a padres y madres, y creatividad y juego por parte de niños y niñas, éstos acompañados de manera muy especial, sensible y cuidadosa por Ana y Vandita.

Habitualmente hay encuentros entre familias adoptivas o acogedoras pero nosotros queríamos organizar un encuentro conjunto en el que familias adoptivas y acogedoras pudiesen interrelacionar entre sí, ya que comparten mucho en común y es muy enriquecedor lo que pueden aportarse unas a otras.

Las familias de acogida forman parte de la historia de vida de muchos niñ@s adoptad@s y nosotros pensamos que es importante y positivo hacer posible que ese contacto se conserve. Las familias acogedoras realizan una labor extraordinaria proporcionando la estabilidad, incondicionalidad y seguridad de una familia y evitando la institucionalización. Las familias adoptivas deben ser conscientes de los beneficios que sus hijos han obtenido gracias a la generosidad de estas familias y reconocer que son parte importante de la vida e identidad de sus hijos.

Desde Apananá queríamos conocer las necesidades de las familias que allí se encontraban, y qué mejor manera que un entorno sin pizarras, sin pantallas, sin pupitres, sin paredes y sin horarios para dejar fluir sus experiencias, impresiones, dudas y necesidades. El uso de las tecnologías de la información y la comunicación, la educación afectivo-sexual, el bullying y la adolescencia fueron algunas de las inquietudes expresadas por madres y padres. De todo ello tomamos nota, desde luego.

Y sin duda, ver a esos padres y madres compartiendo de manera informal, espontánea, tan natural y directa sus experiencias, fue una de nuestras recompensas ese día. Por otro lado, todo ello supuso un ejemplo de autocuidado que merecen y necesitan, teniendo tanto a sus espaldas. No olvidemos el valor del autocuidado. Recibir para poder dar.

Los protagonistas de este encuentro fueron los niños que pasaron un día genial y sus caras eran reflejo de ello. Aunque al principio algunos no querían separarse de sus padres, según avanzó el día no querían irse. Este encuentro les sirvió para ver a niños como ellos (adoptados y acogidos) y sentirse identificados. Además, pudieron disfrutar de juegos y canciones acompañados por Ana y Vandi. Mientras tanto, los adolescentes prefirieron unirse entre ellos y “estar a su aire”.

Otro grupo numeroso de niños se hicieron “un amigo muy especial”: un gran árbol junto al que pasaron horas y horas alrededor de él, trepando, desplazando y transportando las ramas caídas y jugando bajo su sombra. Era increíble la atracción por ese árbol.

En el coche de vuelta, lo comentamos entre el equipo y pensamos en la metáfora que nos enseñaba este árbol tan especial: el árbol simbolizaba el referente que estos pequeños necesitan, ya que les había ofrecido durante todo el día su protección y cobijo, les había cuidado con su sombra, les había abrazado con sus ramas y divertido con sus juegos…y los niños no necesitaron nada más.

La música fue otra gran protagonista del día. Ana nos mostró instrumentos de todos los rincones del mundo que fue sacando de su interminable mochila, disfrutando entre todos de las diferentes melodías que podíamos obtener con ellos, con nuestra voz y con nuestro cuerpo. El lenguaje de la música es universal y consigue llegar donde las palabras muchas veces no pueden.

Este encuentro también nos ha recordado la importancia del valor del contacto, y no el contacto que hace posible cualquiera de las maravillosas maneras que nos ofrecen las telecomunicaciones y gracias a las que podemos unirnos personas con intereses y necesidades comunes, sino el contacto directo, el visual, el auditivo, el del sentido del tacto, ese contacto que se hace tan difícil en el día a día.

Lo que aquel día vivimos todos, supone también una reivindicación de ese contacto directo y humano que necesitamos los adultos y también niños y niñas que han vivido una historia donde ese contacto en muchas ocasiones no ha existido y otras veces ha sido excesivamente cruel.

Realizar este encuentro ha sido para nosotros un regalo después de tanto tiempo de esfuerzo, trabajo y dedicación. Con frecuencia nos planteamos si realmente nuestro trabajo tiene sentido, y si realmente las necesidades que nosotros percibimos las familias las sienten. Es difícil no rendirse con todas las piedras que aparecen en el camino.

Sin embargo, el 16 de junio no hicieron falta palabras. Nos bastó observar las caras y actitudes de los protagonistas para saber que sí es importante estar y continuar.

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